sábado, 1 de enero de 2011

Me presento entre un estilógrafo en el cual he vertido mi propia sangre para impregnarla en un cuaderno hecho de mi propia piel, sus arillos no son más que mis propias arterias inflamadas de ti. Esto soy yo: Una sinfonía de la derrota que viene con el viento nocturno colándose entre los árboles al mover sus hojas para darme un concierto exclusivo.

¿Cuántos amaneceres más contemplare? ¿Por cuánto tiempo seguiré cruzando mi ventana para sentarme en la terraza en altas horas de la madrugada? No lo sé son horas que pasan rápido cada vez más aumentan la velocidad perdiéndome en el espacio y el tiempo.

Desearía que nunca más viniera el Sol para que se haga entonces para mi la noche eterna con mi Luna radiante, las estrellas como sus meninas y doncellas ¿El Ruiseñor? ¡Ja! Cantara por ti y por mí clavando su corazón contra una espina ¿Para qué? Para brindarme una rosa roja en pleno invierno pues sabe que de otra manera tú no me habrás de aceptar. Pero. Ese esfuerzo será inútil la pisotearas; entonces diré: Va una rosa roja en pleno invierno no vale más que la física irónica. Será una bella paráfrasis del Ruiseñor y la Rosa.

Me pondré mis mejores vestidos en tonalidades negras y rojas pues debes saber que ningún negro es igual al otro quizás uno sea más lustroso, otro nocturno, uno más puede ser azul como mi corazón. Mientras que en los rojos debes saber que un rojo está sangrando, otro disfruta ser rojo (ser un demonio), el otro es sólo lujuria y pasión. Pero aquel rojo que se mezcla con el negro y su tonalidad es oscura casi guinda es el rojo de quien ama ese es el color del verdadero amor que sufre y no busca ser amado de igual manera que él lo otorga ese tono no guarda ya esperanzas sólo se limita a la felicidad del negro.

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